Verano va, Verano viene

Y entre ola y ola, entre hola y hola, el verano va llegando a puerto. Mientras nos dejamos mecer al son de una sonata de verano, de una chicharra que duerme la siesta con nosotr@s, un helado (o de frente ^_^) refresca nuestro gaznate. Estamos de mejor humor, ¿verdad?. A estas alturas, a las cinco de la tarde el Sol ya está bajo, hemos dado casi tres cuartas de vuelta del año 2014 y en breve nos tendremos que coger una chaquetita para cuando refresque en esas maravillosas noches de septiembre. Es un mes de descompresión, de ir poco a poco pasando del bikini al calcetín.

Por casualidad, ¿no os habrá ocurrido que no podéis estar en casa una tarde cualquiera estival? ¿El cuerpo os pide, imperiosamente que salgáis a la terraza de turno con amistades bellas a tomar una fresquita? ¿Es imposible pensar en quedarse un día en casa?.

Tiene que ver todo esto con ese maravilloso mecanismo que tenemos dentro. Es uno de los “cacharros” que la evolución ha puesto de serie en el ser humano.

Nos ponemos al sol para metabolizar la vitamina D y el calcio. Los bebés que nacen con ictericia se les suele tostar vuelta y vuelta en la ventana del hospital para que recuperen el colorcito este tan precioso rosadito.

La vitamina D tiene  un papel esencial para el buen funcionamiento del organismo, ya que participa en procesos tan importantes como la absorción y el mantenimiento de los niveles de calcio, el cual,  es fundamental para  mantener el funcionamiento del sistema nervioso y la estructura adecuada de los huesos y los dientes.

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El sol es very nice pero ¿y si se pasa? ¿y si de pestañear sudamos? ¿cómo afrontar 50  grados a la sombra? La tensión te baja y la deshidratación está ahí.

 

 

tierra-alicante-sol

Los vientos también afecta mucho, ya que son cambios de presión, y para las migrañas son horribles. También las lluvias.

No es un tópico. No es lo mismo afrontar un día soleado y luminoso que una jornada gris y lluviosa. Y es que el clima puede llegar a influir mucho sobre el organismo, pues tanto la temperatura como la humedad ambiental influyen de forma muy notable en nuestro ánimo. No les falta razón a los mayores, que siempre tienden a echar la culpa de todos los males al tiempo, desde un dolor de huesos a una jaqueca en toda regla.

¿Sol o lluvia?
Así, un día de sol eleva el ánimo, y, por extensión, los países cálidos son más alegres que los fríos. ¿La razón? La radiación ultravioleta inhibe la producción natural de melatonina, una hormona producida que desencadena el sueño. Por eso, el sol actúa como un despertador natural. Además, sus rayos disparan los niveles de serotonina, una de las hormonas necesarias para el “bienestar”, y cuya carencia es capaz de desencadenar depresiones serias.

Y es cierto: se puede sentir la lluvia en los huesos. Cuando la presión barométrica disminuye y aumenta la humedad, los tejidos se hinchan, un fenómeno que pasa generalmente desapercibido… excepto para quienes sufren de artritis, ya que hasta la más mínima inflamación en las articulaciones les resulta muy dolorosa.

Tiempo cambiante
Un tiempo cambiante y fluctuante no sólo es incómodo a la hora de decidir sobre la necesidad de llevar paraguas. Para quienes sufran demigrañas, puede resultar una auténtica pesadilla, ya que se calcula que hasta un 60% de las mismas pueden estar desencadenadas por los cambios de presión. El motivo es que el calor dilata venas y capilares, mientras que el frío las contrae, y esa alternancia puede desencadenar jaquecas en las personas propensas a ellas.

Demasiado calor
El calor es agradable, pero hasta lo bueno resulta indigesto cuando se toma en grandes dosis, y lo mismo sucede con las temperaturas. Cuando pasamos una ola de calor, se extiende el mal humor y los consiguientes conflictos. La razón es que el área de control de temperaturas del cerebro está muy cercano al de las emociones, y parece que un “recalentamiento” del primero tiene el mismo efecto sobre el segundo.

Evidencias científicas
Ya Hipócrates definía el clima como el conjunto de circunstancias atmosféricas propias de una región capaces de influir sobre los seres vivos. Basada en estos principios, la climatología médica es la ciencia que estudia la influencia que el clima ejerce en los seres humanos, tanto por sus efectos terapéuticos como por sus posibles perjuicios para la salud.

De todos es sabida la influencia que factores climatológicos variables como la altitud, latitud, continentalidad o costa tienen sobre la salud; al igual que los factores variables, como la presión atmosférica, la temperatura, la humedad, las precipitaciones o los vientos, que tanto repercuten en nuestro bienestar.

Así te afectan…
Presión atmosférica. Se trata de una constante que afecta en sus variaciones de forma evidente al cuerpo, sobre todo al aparato cardiovascular y al sistema nervioso central. La tensión arterial se puede ver afectada de forma notable. Las personas hipertensas son sensibles a las variaciones, cuando están a nivel del mar o cuando están en clima de montaña. Las alteraciones más llamativas se producen cuando se superan los 3.000 metros de altitud, a partir de los cuales puede aparecer el mal de altura, que se caracteriza por: trastornos respiratorios, taquicardia, sensación de falta de aire, dolor de cabeza, pesadez, apatía, disminución de la agudeza auditiva y fatiga muscular.

Temperatura. Éste es un factor climático fundamental y sus variaciones extremas (frío o calor intensos) producen importantes y, a veces, graves trastornos de salud. El hombre es un animal de sangre caliente que mantiene una temperatura constante entre 36,5-37ºC. Esto lo hace a través de diferentes mecanismos metabólicos, vasculares y cutáneos, que funcionan para almacenar o perder calor según la temperatura ambiente. El frío intenso provoca una vasoconstricción periférica intensa con aumento del metabolismo basal y producción de calor. El calor produce vasodilatación periférica, sudoración abundante, pérdida de agua y electrólitos a través de la piel. En situaciones muy extremas se puede dar el llamado golpe de calor, que causa hipertermia, deshidratación, dolor de cabeza y afectación del sistema nervioso central.

Humedad ambiental. Es un factor climático íntimamente ligado a la temperatura, y es la característica que más diferencia el clima continental del marino. La humedad intensa dificulta entre otras cosas la sudoración y aumenta la eliminación de líquidos a través del riñón, lo que hace que en ambientes naturalmente húmedos con frío o con calor intensos, éstos se toleren peor.

Lluvia y nieve. Las precipitaciones de lluvia y nieve tienen una acción beneficiosa sobre la atmósfera, pues, aunque aumentan el grado de humedad, arrastran el polvo y las partículas suspendidas en el ambiente, purificando y mejorando el aire que respiramos.

Vientos. Son importantes como vehículos del tiempo metereológico, pues están íntimamente ligados a las borrascas y los anticiclones. Su influencia sobre la salud ha dado lugar a lo que se conoce como ‘ciclonopatía’, ya que, curiosamente a nivel local o comarcal, determinados vientos producen alteraciones físicas en muchos de los habitantes de esas comarcas. Así en España, la tramontana en Cataluña, el cierzo en Aragón, el gallego en Asturias, el sur en Cantabria, o el levante en Andalucía pueden producir sensibles alteraciones como: irritabilidad, insomnio, angustia, fatiga o palpitaciones.

vía Hola-salud

 

delhuyar.es cantando bajo la lluvia

Voy a metabolizar toda la vitamina D posible, también los buenos momentos, esa brisa que de repente te viene y te eriza la piel, un bocata sin gluten y con arena, los gritos de críos jugando, Marco Polo, un vestido fresquito, unas chanclas, las olas meciendo al mar, las piedras chocando entre sí, un minuto de silencio antes de romperse en mil gritos, la gota que cae del vaso, una cerveza congelada, una cena a medianoche,…Mmmmme encanta el verano.

Que paséis un estupendo final de verano!

Gracias por pasar.

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