Relatos que nos salvarán los jueves

La mierda volaba por doquier. Como la casa de las puyas voladoras. “Tú eres tal y tú eres más”. Los insultos, las blasfemias, las palabras dolientes y las heridas abiertas recibiendo saetas. En medio de todo esto…está TU. Respirando, transpirando…rezando. Tus labios se mueven, repitiendo una letanía: “Parad, Parad, Parad,…PARAD”. El grito en el cielo del paladar, en la boca de la garganta del lobo. Un aullido lejano, ancestral, primario y primitivo. Un sonido gutural de necesidad. Una naturaleza muerta resucitando con una bocanada de aire. Como un bebé al nacer, como un ahogado a punto de morir. Como un pez fuera del agua y que resiste y se resiste a su fatuo azar.

Así, la vida, como una flor que surge de entre el alquitrán negro casi gris de la carretera, encuentra su camino, su apertura, su obertura en clave de Sol Mayor y lanzando rayos de esperanza ilumina campos sembrados de trigo negro.

Respira.

Respira.

Respira.

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